Archivo del Autor: Jose DG

Acerca de Jose DG

...

Panamá y su máscara

Se terminaron las vagaciones y regreso a darle vida al blog. En mi última clase de la universidad se nos pidió hacer un ensayo con un tema libre, pero que se relacionara con el oficio del arquitecto y el contexto en el cual trabaja. Lo he titulado “Panamá y su máscara”, mil y tantas palabras sobre ese disfraz urbano que todos conocemos. Será la primera vez que publico algo directamente relacionado con mi trabajo académico. Sin más preambulos y recien salido del horno:

Panamá y su máscara

Panamá es una ciudad con muchas caras. O bien, una ciudad con cara y cuerpo completo. Llena de contrastes y sorpresas más cerca de lo que podríamos imaginar. Resulta que, fuera de cualquier casualidad, existe una zona de la ciudad conocida por todos sus habitantes y extranjeros. En los últimos años Panamá se ha vendido al mundo con una imagen comprendida entre los sofocados edificios de Punta Pacífica y las zonas de Bella Vista y La Exposición, a veces también mostrando lo que se considere digno de San Felipe o Amador. Ésta es la conocida cara de nuestra ciudad, que en realidad prefiero llamar máscara. De ahí para atrás, quien no tenga frente marino, está condenado a quedar en el olvido. En ese contexto, Panamá es como una niña de cara “bonita”, entre comillas, y cuerpo deforme, donde esta máscara no es más que el maquillaje que usamos para cubrir nuestros defectos. Así aparentamos ser algo que no somos y perdemos toda identidad que podríamos llegar a tener.

Basta ver cualquier video promocional de la Autoridad del Turismo de Panamá (ATP) sobre la ciudad para darse cuenta de esto. Imágenes aéreas desde el mar, o de turistas sobrevolando la bahía es lo primero que veremos. Inmediatamente nos transportan al interior de algún banco a tiempo para cerrar un importante trato, o al casino en el hotel más lujoso donde nos divertimos con juegos de azar. ¿Qué sucede con esa transición de lo lejano desde el avión al interior de algún edificio? Recuerdo haber visto hace años un episodio de la famosa serie de televisión “Los Simpson”, en el cual Homero Simpson se miraba a sí mismo de lejos en el espejo y le gustaba mucho lo que veía, pero al acercarse más y más al espejo se daba cuenta de su desaliño y extrañas proporciones. Panamá es como Homero Simpson mirándose al espejo. Vivimos en una ciudad que se ve “bien”, otra vez entre comillas, de lejos. Se pinta como un lugar donde puedes hacer negocios durante el día y bailar o apostar por las noches. Un paraíso frente al mar lleno de modernos rascacielos listos para cautivar al ojo o a la mente más ingenua. Pero ¿qué sucede con el resto de la ciudad?

Proyectos de carácter público como la Torre Financiera, el nuevo Centro de Convenciones, las tres fases de la Cinta Costera, y otros más polémicos aún como los rellenos propuestos para la zona de Amador y del Casco Antiguo solo respaldan el argumento del amor incondicional hacia esta máscara que cada vez se le intenta agregar un nuevo color y adorno. Los dos últimos ejemplos mencionados son prueba de la negación y el desinterés público hacia el interior de nuestra ciudad. Nos vamos hacia afuera rellenando y tomando posesión de elementos que no nos corresponden e inventamos proyectos donde ya no queda espacio, cuando hay tantos problemas por resolver en lugares ya existentes. Así es como van saliendo ideas y comunidades que se mueven en la periferia de la ciudad por el simple miedo de aceptar nuestra verdadera condición, y se crean otros tipos de máscaras menores tal como Costa del Este y otras más. En otras palabras, se van generando fachadas de la ciudad, ya que finalmente es en lo que más se hace énfasis: una apariencia carente de cualquier significación. Imaginen un proyecto arquitectónico que solo es trabajado en fachada, sin tomar en cuenta la distribución espacial que se ve en planta o la emoción que debe ser transmitida con una sección. Tal vez por eso carecemos de una correcta organización y son pocas las apasionantes secuencias de espacios dentro de la ciudad.

A medida que aparecen estas fachadas de ciudad estamos descomponiendo o fragmentando la misma, en vez de unificar e integrarla. Debemos recordar que al hacer un proyecto arquitectónico, por más mínimo que sea, estamos insertando un elemento que debe encajar de la mejor forma posible en su contexto. Así como al armar un rompecabezas todo debe ir en la posición correcta para poder terminarlo y ver realmente la integración de todas las piezas. Al hacer arquitectura estamos haciendo ciudad y tanto arquitecto, como figura pública, promotor y ciudadano deben ser conscientes de ello. Entonces debemos preguntarnos: ¿nuestra famosa máscara se integra o tiene algo que ver con el resto de la ciudad?

Y no es solo un tema de integración. Esta máscara llena de maquillaje urbano nos lleva a un problema de identidad que puede ser discutido de forma muy amplia. Se busca aparentar una sociedad que va creciendo social y económicamente junto con una supuesta imagen de contemporaneidad. Cuando en realidad al mirar nuestra máscara solo se hacen notar edificios que siguen el llamado estilo internacional, hechos por arquitectos dioses o de revista y que podrían estar en cualquier parte del mundo. Ahora, debemos preguntarnos qué hacer ante esta realidad. ¿Cómo corregir esa máscara que ya forma parte de nuestra ciudad? Aunque no nos guste, debemos aceptar esta realidad y trabajar con ella. No podemos ignorarla como se ha hecho hasta el día de hoy desde afuera hacia adentro de la máscara y viceversa, pues eso solo contribuirá a la fragmentación de la ciudad. Debemos pensar globalmente, pero actuar de forma local. Al fin y al cabo nuestra arquitectura debe reflejar nuestra identidad, cultura, historia, y clima.

El cambio empieza por nosotros mismos y por eso debemos ser conscientes de los problemas para exigir que se haga lo correcto. El peor enemigo es la indiferencia. Hay que combatir con buenas intenciones y si el pueblo pide buena arquitectura, tendrá buena arquitectura; por consiguiente, la ciudad será mejor y la calidad de vida de todos sus ciudadanos también. Como decía el arquitecto Rogelio Salmona: “… la ciudad era el sueño del hombre para crear su lugar para vivir, el lugar por excelencia y donde la utopía es posible.” El primer paso para el cambio es ser consciente y generar una postura ante el problema. Ya conoces mi juicio, ¿cuál es el tuyo?

José A. De Gracia
Septiembre de 2011

Anuncios

Déjà vu

En mi más reciente viaje al futuro; quiero decir, al otro lado del Canal, se me presentó una curiosa imagen.

De inmediato supe que ya los había visto antes, pero en otras circunstancias (o tal vez otro tiempo). No tuve que pensarlo mucho para darme cuenta. Solo imaginemos unos elementos decorativos por aquí, un poco de pintura por allá y ¡voilà! ¿Saben a qué me refiero? Pista.

Y comienza con una piedra

La famosa ubicación de nuestro nuevo Tribunal Electoral (TE) fue descubierta. Formará parte de la nueva Ciudad Gubernamental (CG). Asi que es hora de más noticias (para el que no lo recuerda click aquí).

Futura Ciudad Gubernamental.

Directo desde la Presidencia, aparece la primicia: Colocan primera piedra para construcción de nueva sede del Tribunal Electoral. Y así empieza. Recortemos a lo que más nos importa:

El presidente de la República, Ricardo Martinelli y los magistrados del Tribunal Electoral, colocaron -este jueves 9 de diciembre-  la primera piedra que dará inicio a la construcción de la nueva sede del TE, a un costo de 29.8 millones de balboas.

Añadió que este proyecto se suma al proyecto de renovación urbana de Curundú.

Con tanta transparencia, hasta ahora se habían quedado cortos con la localización. Y no les bastó con la centralización de todos los ministerios, quieren incluir al TE con sus otros amigos gubernamentales. Una ciudad dentro de otra ciudad. Seguimos con lo mejor:

Desde el punto de vista arquitectónico el edificio será construido en tres cuerpos que simbolizan los tres poderes, mientras que su gran plaza central, abierta al público, demuestra lo accesible que el Tribunal Electoral  es para el pueblo e invita a entrar y participar.

En tanto su atrio central techado y sus oficinas abiertas representan un símbolo de transparencia que siempre ha estado en lo más esencial o elemental de lo que es la entidad.

El nuevo edificio, si bien recordará el pasado con la arquitectura clásica greco-romana en su fachada, se ha diseñado con miras al futuro. Se ha previsto inicialmente su capacidad de expansión, para evitar alquileres ineficientes.

El primer párrafo me de ganas de ir ya a renovar mi cédula. Espero que contemplen el localcito del señor que saca las copias afuera. ¡Ahora tendrá toda una plaza!

El segundo me hace pensar en el fácil acceso para intrusos e intrusas en horas nocturnas. Producto de la centralización en la CG.

Y el tercero sólo me hace reir. ¿Arquitectura canalera o clásica greco-romana? (Nótese la especificación: en su fachada). Yo creía que ésto tenía algo que ver con el Administration Building. Pero da igual, yo solo pienso en cuán sola se ha de sentir esa piedra.

¿Caja de Ahorros?

Todo el que frencuente la Ave. España casi a la altura de Ave. Brasil debe conocer una de las torres próximas a ser terminadas en la Ciudad de Panamá. Seguro algún tranque los debe haber retenido lo suficiente para fijarse. Se trata de la nueva Casa Matríz de la Caja de Ahorros.

Foto de VIP.

¿Por dónde empezar? No sé qué me llama más la atención: si las variadas proporciones de las ventanas, la ausencia de una protección climática o todo el adorno en columnas y cubiertas. Ni hablar del remate en la parte superior de la torre: una representación en concreto de una pirámide escalonada. El pobre Imhotep se ha de retorcer en su tumba.


Eso no es todo. Aún no se ha finalizado y ya es visible su obsolescencia. Sobre todo en varias fachadas chorreadas y sucias. ¿Cómo será dentro de una década? Al parecer les tomó por sorpresa el hecho de que en Panamá llueve 9 meses al año.

¿Olvidé mencionar el módulo de estacionamientos en su parte posterior? Sobran las palabras.

El edificio no le hace justicia a la ciudad ni al lindo árbol de la segunda foto. Pero al menos puedo decir a su favor: parece que en esta caja sí se ahorró. Por ahora.

A la orden del día

Los desatinos arquitectónicos están a la orden del día. Esta vez traigo a la luz el proyecto Clayton Park (ver ubicación).

Dos torres fuera de escala y aburridos 17 pisos (basta ver la planta típica) que de parque solo tienen el nombre. Se rompe con el tema de “Ciudad Jardín” que alguna vez predominó en la antigua Zona del Canal, y en la cual el protagonista era siempre la naturaleza tropical de nuestro Panamá. Para entender ésto solo hay que mirar alrededor. Veamos los siguientes sospechosos (A, B, C, D) y descubriremos si las torres responden bien a su entorno.


Está primero y muy imponente la actual Administración de la CSS con su arquitectura canalera de aleros en cada piso. Protección climática garantizada.

Luego aparece una serie de edificios que se mezclan con la naturaleza. Son quienes realmente establecen la escala del lugar. En ellos, aún se siente la armonía que posiblemente existió en el área. Y lo que sigue no tiene nombre:

Una antigua casa canalera transformada en un bodrio rico en caprichos estilísticos y pintura muy (¿) tropical (?), que de forma egoísta es bordada con un muro blanco en signo célebre de su individualidad. Receta amarga. Todo un contraste con la sobria arquitectura canalera.

Ahora, regresando a Clayton Park, ¿alguien dispuesto a donarle unas gafas al arquitecto? Pues con ésto último es claro que miró hacia el lado equivocado a la hora de concebir el diseño, teniendo buenas referencias tan cerca.

Pero tal vez:

No. No es lo mismo.

Reinterpretando la arquitectura

Actualmente se erige detrás de Multicentro una mole de concreto conocida como Megapolis. Veamos de abajo para arriba, asique por hoy no vamos a prestar atención a lo demás. Concentremonos en la base:

Hay algo muy curioso. La estructura en voladizo que se observa, la cual supongo que es parte de los estacionamientos, pasa por encima de la calle (nótese el bunker color rojo vino en un carril). Lo más seguro es que el arquitecto en su afán por mostrar algún tipo de respeto, quizo reinterpretar la arquitectura de corte francés que se hizo en Panamá, en la cual los balcones de los edificios se proyectan sobre las aceras para proteger al peatón de los fenómenos atmosféricos (ejemplo: la difunta Casa Muller). La diferencia está en que se eligió proyectar los estacionamientos e irse más allá de la acera. No es sorpresa en una ciudad diseñada para los carros y que deja al peatón como personaje terciario.

Nótese también la siempre presente tarjeta de presentación colindante al bunker.

Salmona: Arquitectura en el tiempo

 
A 3 años de su muerte y con el simple propósito de recordar, dejo una cita del arquitecto colombiano Rogelio Salmona en la cual se define a sí mismo:

Un arquitecto. No más. O mejor: alguien que trata de ser un arquitecto. Porque ser arquitecto es muy difícil. Uno no sabe si lo que hace tiene validez. El tiempo es el que lo dice. Una buena arquitectura se convierte en una ruina. Una mala arquitectura desaparece. Pero para saber si es una ruina hay que esperar muchos años. Espero que las Torres no sean una ruina hoy, sino dentro de mil años.

-Parte de la entrevista dada por Salmona al diario El Tiempo.